Los trabajos y los días

Trabaja, ¡oh insensato Perses! en la tarea que los Dioses destinaron para los hombres, no vaya a ser que, gimiendo tu corazón, con tu mujer y tus hijos, tengas que buscar el sustento en casa de tus vecinos, que te rechazarán. Acaso lograrás éxito dos o tres veces; pero si vuelves a importunarlos, ya no conseguirás nada; hablarás mucho en vano y será inútil la multitud de tus palabras. Te aconsejo, pues, que empieces por pensar en el pago de tus deudas y en evitar el hambre.

Hesíodo, Los trabajos y los días, Libro II.

Teff I.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Teff II.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Animados normalmente por una bola de “chat”, ellos son los encargados de la labor en el campo. Desde la simiente a la recogida, trillado, apaleo, cribado y aventado para el caso de los cereales. Si se sigue el ritmo que marca el capataz, el canto al unísono, los brazos y los riñones hacen el resto.

La danza.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Aventaban.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Molienda de sorgo. Casa de Enatu.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Zinash.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

En una economía de subsistencia la cadena de producción empieza y termina en el propio entorno. Cocinas la legumbre que plantas y lo haces con tus propios medios a la mano: la leña, ese combustible único que cuenta también con sus propios límites.

El hacha. Casa de Furno.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Una de las enfermedades más común entre la población femenina del Valle, al igual que en el resto de Etiopía, es la relacionada con patologías pulmonares. La cocina, situada normalmente en el interior de las casas, se alimenta de la leña que se recoge en el entorno. La combustión, el hacinamiento y la ausencia de ventilación necesaria convierten a estos espacios en lugares prácticamente irrespirables.

La cena. Cocina de la Misión.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

El ser eficiente y el ser mujer parecen atributos inseparables. Y es que además de cargar con el peso del mantenimiento del hogar y de la alimentación de la familia, las mujeres gestionan de manera exquisita los recursos. Curiosamente, el consumo de leña guarda una estrecha relación con el precio de la vivienda.

Durante estos últimos años el “precio” para construir una choza se ha encarecido notablemente debido a la escasez de ramas necesarias para su construcción. La tensión económica parece haber llevado a la población del valle al dilema de o “comes caliente” o “duermes bajo techo”.

Pisado del forjado.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Ramas y barro.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Purga del café.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

En el Valle de Lagarba, y en Etiopía en general, si tienes un burro eres casi rico. El animal acarrea todos los aperos y las cosechas en el campo, traslada los bienes de un lado a otro, leña, follaje y enseres domésticos, carga con el agua desde los manantiales a los hogares y se alimenta de hierba y de los restos de la actividad humana. Quien tiene un burro, entre otras cosas, se ahorra de cargar a cuestas con los siempre presentes bidones amarillos de agua.  

Manantiales.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Meron .  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Si eres capaz de pararte un momento y contemplar el devenir de los días, hay algo que nunca cambia: el eterno movimiento de las mujeres faenando, en la casa limpiando, cocinando, cortando leña, atendiendo a los hijos… “como el astro, sin aceleración y sin descanso”. 

Mamme y el horno de pan.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Mamité. Destilado del “áreke”.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Fotografía de cabecera: Vecino de Tigist y Ketené tras su jornada en el campo© Joaquín Rivero

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