retrato

El retrato es quizá la disciplina fotográfica más común, pero también la más complicada. Debería ilustrar el humor, el carácter, las habilidades, las costumbres o alumbrar, por sí mismo, los rasgos o atributos más representativos del retratado.

En la era del selfie este género ha perdido su valor. Por esta razón me atrae, porque ya forma parte de la historia aniquilada y decadente de nuestro tiempo.

Concentrar en un retrato un relato, una condensación destilada.

Esperanza

ተስፋ (“tesifa”) significa esperanza en amariña, la lengua oficial de Etiopía; bueno, la lengua administrativa, porque en realidad disponen de 82 lenguas oficiales y más de 200 dialectos.

En el valle de Lagarba la lengua más común es el oromo u “oromiña” y el lenguaje de signos universal más utilizado es la sonrisa.

ámbar. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Descartes

No, esta serie no va del autor de “El discurso del método”, ni tiene ningún afán racionalista. Esta serie de retratos pretende encontrar un espacio para unas tomas que no encajan su sentido, o no he sido capaz de hacerlo, en otros hilos. Son tomas que bien podrían cada una de ellas tener su hueco por sí mismas de forma aislada. Confieso que algunas me impactaron mientras las hacía y he vuelto sobre ellas en varias ocasiones después de dejarlas dormir por un tiempo. Es como si ellas mismas reclamaran su oportunidad.

Katama. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

La niña de Mgcobaneni

Quiso la fortuna que, rumbo a Suazilandia, a la salida de una pequeña población llamada Mgcobaneni, el camión que nos transportaba se quedara tirado subiendo una cuesta pronunciada. Con el embrague quemado nos vimos forzados a detenernos en el margen de la carretera.

En medio del desconcierto, escuchamos unas voces de mujeres y niños cantando que procedían de una pequeña chabola al otro lado del camino. Nos acercamos y nos recibieron de forma más que cordial. Estaban celebrando una misa a la que nos invitaron con los brazos abiertos.

La chabola contaba con una pequeña puerta que dejaba pasar un hilo de luz difuminada. Nos sumamos a los cánticos y terminamos cantando, por petición suya, un villancico: “Campana sobre campana”.

Una fiesta en todos los sentidos.

La niña de Mgcobaneni. Sudáfrica. 2017.  © Joaquín Rivero

Teresa

Es la nuera de Almaz (“diamante”) y Sheifé (“espada”), mujer de Bisluté y madre de Guerremeu y Desi. Teresa tiene la sonrisa grabada en su rostro. Teresa mantiene la casa, trabaja la tierra y cuida de sus hijos. Para Teresa los días son esa excusa con la que amasar la alegría y compartirla.

Teresa. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Penitente

Siempre me he preguntado si había culpa alguna detrás para asumir tal rol. Una paradoja como casi siempre irresoluble.

Penitente. Daimiel, Ciudad Real. 2015. © Joaquín Rivero

La nieta de Rosina

Matopos es ese lugar que cualquiera asociaría con el inicio de la civilización. El rastro dejado por los San a través de sus pinturas así lo atestigua. La viuda Rosina, cualidad que comparte con otra mujer, es la curandera de una pequeña aldea, especializada en embarazos y parturientas. Su nieta conserva sus destrezas de demiurgo, capaz de comunicar el cielo con la tierra.

La nieta de Rosina. Matopos, Zimbabwe. 2018. © Joaquín Rivero

La gachí

9 de noviembre. Festividad de la Almudena en Madrid. Cuando no es un evento es otro el que ocupa las calles del barrio. Sales a la esquina de casa y ahí está él, agarrado por un dedo y la mirada en un chotis.

La gachí. Madrid. 2018. © Joaquín Rivero

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