La Misión II

Fuera del templo la Misión extiende su rol y amplifica, materializa y remoza el sentido de algunas palabras gastadas por su uso en Occidente. Algo más de un siglo después de su fundación, con la llegada del Padre Paul, “Abba Pawlus” para los parroquianos, la Misión evidencia lo que a todas luces parece ser un notable renacimiento.

No es fácil liderar la enorme cantidad y alcance de los proyectos que se desarrollan en la actualidad en y desde la Misión de San Francisco. El mantenimiento de las actividades regulares exige una disciplina férrea, y ésta tiene que convivir con la flexibilidad, la imaginación y el esfuerzo que demandan algunos proyectos de innovación social, de desarrollo local y de mantenimiento del sentido de comunidad.

La comunidad

Aniversario I.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

A diario es normal el encuentro, la exaltación de la comunidad y la celebración también al término de la misa diaria. El pan y el vino de la liturgia se democratizan con la forma y la materia del pan y la cerveza casera, “tela” en la lengua local. Pudiera ser una celebración por el aniversario de la muerte de un vecino, como de hecho lo es en este caso, pero pareciera que se está festejando el bautizo de un nuevo vecinillo del valle. La comunión como signo de la comunidad. Y todos, mayores y más jóvenes, niños de corta edad y los más ancianos, beben cerveza y comparten el pan recién horneado en casa del difunto.

Aniversario II.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Durante los fines de semana, no cabe una actividad más en la agenda. Desde el amanecer del sábado a la siesta del domingo, el trajín de chavalería, adolescentes, adultos y ancianos es un no parar. Desde la cancha multiusos polideportiva a la barbería, pasando por los ensayos de las canciones de misa y la catequesis, sumado a la atención a las distintas necesidades de aquél que recurre a la Misión como primer y último recurso, no hay tiempo de holganza. La enfermería improvisada, además, tampoco descansa.

El cordel.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Ensayo I.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Ensayo II.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
El corro de la patata.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Tayu y sus amigas.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
La barbería.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
El hombre de la espina.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
El niño del siete.  Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

El perímetro de la Misión no agota la acción. Dentro todavía hay ocasión de hacer seguimiento de los microcréditos prestados a algunos vecinos, gestionar con la comunidad la prioridad para la extensión de los tejados de chapa, gestionar a los jornaleros para la labranza de las propias tierras, gestionar los pagos, controlar el almacén de las cosechas, dirigir la labor de los guardas y de las asistentas del hogar, llevar el control de los asistentes a la catequesis y de los chavales que acuden a limpiar la iglesia, patrocinar la educación de algunos chavales que estudian fuera, gestionar los diezmos, dirigir la construcción de las casas de Kirara, . . . y fuera, más allá de la verja de la Misión, las visitas a los vecinos del valle, la mediación en conflictos de familia, las misas en el resto de capillas, el abastecimiento y la logística, los viajes a Harar, Dire Dawa o Addis Abeba a las casas de las Hermanas de la Caridad, . . . De algunos de estos puntos versarán otras entradas del blog.

Pago de jornales.  Kirara. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Fachada este.  Iglesia. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
El valle. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Fotografía de cabecera: Memoria. Cementerio de la Misión de San Francisco. © Joaquín Rivero

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