Fitu y Zenebé

Conocimos a Zenebé a nuestra llegada a un punto de encuentro próximo a Kirara, la aldea más poblada del Valle de Lagarba. El paso hacia la aldea estaba cortado por un derrumbe de la cortada que abre la pequeña población al resto del mundo. Tras cargar los equipajes en unos cuantos burros, siguió con nosotros hasta cruzar la aldea y subir hasta la Misión de San Francisco. Para entonces nada sabíamos de él, ni de su familia ni de sus obras. En la subida, a un tercio del ascenso, nos invitó a hacer un pequeño descanso en su casa, para tomar algo de fruta y presentarnos a parte de su familia.

A los pocos días, a partir de la anécdota de que años atrás había sido el “presidente” de la Cofradía de San Francisco, ya fue para nosotros “Francisco”. Y la casa de Francisco fue la última que visitamos, tras haber sido invitados, casi todas las tardes, por otras familias del valle.

El tueste del café

Zenebé, o Francisco, está casado con Fitu, de cuya unión tienen tres hijas y un hijo: Maryshet, Casiyé, Beshaté y Wolega.

Maryshet, “la primera miel”

Casiyé, Beshaté y Wolega

En casa de Zenebé y Fitu reina la alegría. Zenebé es ese ángel protector del valle que no repara en ayudar constantemente a sus vecinos. Zenebé es agricultor y previsor. Tiene la cualidad diferencial de almacenar el grano y así acumular cierto capital para cuando las cosas no van del todo bien. Zenebé realiza además microcréditos sin intereses a sus vecinos para fomentar el desarrollo local. Zenebé te lava los pies cuando cruzas el río y te has enfangado hasta la rodilla. Así lo hizo conmigo.

Zenebé

Por su parte, Fitu es la mujer independiente y de carácter que apenas se aprecia en el resto del valle. Hay patrones casi universales y excepciones a la regla o convenciones sociales. En el valle impera un evidente y marcado machismo que determina las prioridades y las tareas más elementales. Pero también hay excepciones, como es el caso, que tienen que ver con cierto grado de desarrollo. A mayor desarrollo (entiéndase relativo) mayor rol para las mujeres y mayor evidencia de signos de igualdad. Y ahí está Fitu, quien no duda en ser consumidora de “chat” (hojas de arbusto local estimulante) y de “áreke” (bebida alcohólica casera con base de maíz).

Fitu

Fitu. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

La fiesta y la conversación

Entre risas y copas de “áreke” nos olvidamos de que teníamos una fuerte subida después hasta la Misión. Un fin de fiesta que se prolongó hasta bien entrada la tarde, que resuena en la memoria y alumbra el mejor sentido de lo que entendemos como esperanza. Y es que Fitu y Zenebé representan la prosperidad desde la humildad, la hospitalidad y la generosidad.

Botella de “áreke” y bolsa de “chat”. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Hornillo de leña con restos de incienso. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Almacén de grano y despensa. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Maryshet en la cocina. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero
Salón de la casa de Fitu y Zenebé. Valle de Lagarba, Etiopía. 2020. © Joaquín Rivero

Nota:

La visita a la casa de Fitu y Zenebé fue una bendición. Al margen de las emociones y el entusiasmo compartido, tuve la fortuna de sentarme nada más llegar en un lugar del salón que me ofrecía una perspectiva de la situación como si estuviera asistiendo a un pequeño teatrillo, con distintos planos en la escena, en el que tuve la certeza, desde un primer momento, que se iba a orquestar una extraordinaria representación. Y así fue.

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